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RODRIGO GONZALEZ FERNADEZ, CONSULTOR Y PROMOTOR DE LA RSE EN CHILE , DIPLOMADO DE NACIONES UNIDAS , DISPONE DE CURSOS , CHARLAS CONFERENCIAS PARA UNIVERSIDADES Y EMPRESAS- ONG , OTEC -ORGANISMOS INTERNACIONALES - SOLICITARLAS EN SANTIAGO , FONO CELULAR 93934521
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31 Marzo 2010
Por: Joel Makower
De acuerdo, lo admito. El titular hace que nos preguntemos cómo puede ser posible. Me resulta difícil hacer justicia a los últimos 10 años de actividades comerciales verdes por lo menos en las siguientes 1500 palabras.
Pero al examinar, como quiera que se llame la década, por el espejo retrovisor es tentador evaluar lo que ha sucedido desde los buenos viejos días del año 2000 para ver hasta donde hemos llegado y hasta donde no.
Hagamos eso entonces.
Primero, las buenas noticias. El enverdecimiento de los negocios convencionales ha continuado a ritmo acelerado desde que el reloj marcó el año 2000, creciendo cada vez más rápidamente a medida que la década fue avanzando, aún en medio de una Gran Recesión.
La idea de empresas verdes parece haberse extendido al próximo circulo concéntrico, más allá de las empresas leales, las centradas en valores y la nueva línea de grandes empresas líderes, a una tercera línea de empresas que nunca antes se habían interesado en el calentamiento global o en otros asuntos ambientales. Hoy en día, resulta difícil encontrar una empresa de tamaño considerable que no esté de alguna manera sosteniendo sus promesas con hechos. Tratar de ser visto como verde es hoy en día la regla más que la excepción.
Las exigencias son cada vez mayores también: Lo que hace 10 años era novedoso empresas y productos de carbón neutral, fábricas sin residuos, química verde, análisis del ciclo vital, edificios ecológicos hoy es algo convencional, o por lo menos garantizan la respuesta ¿y qué? cuando lo esgrimen las empresas. Las cosas que antes eran noticia o, al menos, un buen material promocional son actualmente cosa de todos los días.
Y cada año trae aparejado una sucesión de momentos para ver a quien agradecemos y culpamos: Minoristas grandes y malos que se comprometen a enverdecer su cadenas de distribución, grandes y malas empresas automotrices que se comprometen a transformar sus productos y procesos de fabricación, grandes y malos fabricantes de productos envasados que lanzan líneas de productos ecológicos, grandes y malos fabricantes de computadoras que de manera drástica mejoran la eficiencia energética y la capacidad de reciclado, grandes y malas cadenas de procesamiento de alimentos y de comidas rápidas que se comprometen a un abastecimiento sustentable, grandes y malas empresas de servicios públicos que se comprometen a la eficiencia energética y energías renovables, y muchas otras empresas grandes, malas y de naturaleza diferente que anuncian objetivos, asociaciones o logros que no hubieran parecido posibles hace no tanto tiempo.
Ahora la gran mala noticia: La mayoría de las empresas se dedica a las actividades comerciales verdes sólo de manera superficial, dedicando tan solo una pequeña porción de sus operaciones e impactos. Sólo muy pocas han echado una mirada integral a lo que hacen desde una perspectiva ambientalista, ni hablar de tomar compromisos decididos y audaces para reducir el impacto que ocasionan o para transformar sus productos y procesos para abrazar una nueva ética verde. Si bien son cada vez más las empresas que participan, los esfuerzos colectivos no alcanzan a marcar una diferencia.
De modo que, si bien hay mucho para celebrar en los comienzos de una nueva década, hay una sensación extraña que gran parte de esto equivale a una falsa sensación de esperanza que todas estas buenas noticias sea pocas y lleguen demasiado tarde. Aunque tal vez no.
En este contexto decididamente indeciso, he aquí tres razones por las que me siento desanimado, y tres razones por las que tengo grandes esperanzas por la década que viene.
1. No estamos moviendo la aguja. Como dije anteriormente, la suma total de toda esta actividad comercial verde no ha cambiado mucho las cosas. La mayoría de los indicadores globales sobre medio ambiente siguen apuntando en la dirección equivocada. Y donde los avances son evidentes, no están teniendo lugar en la dimensión y a la velocidad necesaria para hacer frente a los desafíos del clima, el agua, la calidad del aire, la toxicidad, la seguridad alimentaria, la biodiversidad y el uso de la tierra, entre otros. Aún en las economías desarrolladas como los Estados Unidos y Europa, los principales indicadores del progreso por ejemplo, la cantidad de energía y de agua consumidas o los residuos y la contaminación ambiental emitida por unidad de producto bruto interno sólo ha mejorado ligeramente. En las economías en vías de desarrollo en rápido crecimiento China, India, el Sudeste Asiático, América Latina, y otras la historia, en términos de consumo y tendencias de emisiones, es aterradora.
2. El publico todavía no lo entiende. Hay poca sentido de urgencia, y por buena razones: La mayoría de los habitantes del planeta están focalizados como un laser en pasar el día alimentar y dar albergue a sus familias, estar vivos y sanos, encontrar trabajo, mantener las dignidades humanas básicas y tienen poco tiempo o interés en proteger el bien común. Mientras tanto, los "ricos" se centran en gran medida en conservar lo que han acumulado, si no en aumentarlo, y por lo general no se los puede molestar con el bien común. La mayoría de las personas no comprenden muy bien la repercusión ambiental que tienen sus vidas, se conforman con hacer unos pocos, sencillos y en gran medida simbólicos cambios en sus hábitos de compra o personales.
Como resultado, la presión del consumidor sobre las empresas para que transformen sus productos y procesos es relativamente débil. Sí, hay un marco cada vez mayor de ciudadanos preocupados por el clima y por otros males del planeta, y una nueva generación que ingresa al mercado con una ética más verde, pero su poder de lograr cambios hasta la fecha no ha tenido demasiado impacto.
3. Hay poco sentido de urgencia: En las generaciones pasadas, la gente salía a las calles para protestar contra la injusticia generalizada y las desigualdades y, en el proceso, ayudó a lograr cambios arrolladores, desde los EEUU hasta la URSS. Estas masas contaron con el apoyo de líderes políticos y empresarios que vieron una gran oportunidad en los cambios drásticos, tanto para sí mismos como para la sociedad en general.
Pues entonces, ¿dónde están las masas marchando por las calles para exigir medidas contra el cambio climático en nombre de las generaciones futuras? ¿Dónde está la indignación por la falta de acción en cuestiones energéticas y climáticas posiblemente uno de los temas más importantes de derechos civiles y humanos que hemos tenido que enfrentar? ¿Dónde está la corriente de boicots de los consumidores y las medidas por parte de los accionistas obligando a las empresas a responder? ¿Dónde están los políticos gastando su capital político luchando contra los obstáculos para una económica verde? ¿Por qué las amenazas contra nuestra seguridad la seguridad alimentaria, la seguridad habitacional, la seguridad del agua, la seguridad nacional no fomentan numerosos proyectos verdes como el Manhattan y el Apollo? Si, existen ejemplos alentadores de todas estas cosas, pero están sucediendo demasiado lentamente y no parecen estar causando demasiados avances.
Ya basta de malas noticias. En medio de todo esto, me siento alentado, entusiasmado inclusive, a cerca de hacia dónde van los negocios.
1. La innovación verde está en auge. Hay una revolución que está teniendo lugar y que incluso mucho de sus participantes no pueden ver. Se trata de la confluencia de la energía, la información, la construcción, y las tecnologías automotrices, y la promesa de una abundancia de nuevos productos y servicios impresionantes.
Algunos de estos se verán en esta década con la aparición de la llamada red inteligente en la que todo, desde electrodomésticos a automóviles, está conectado a través de dos vías, conexiones siempre encendidas, permitiendo no sólo un mejor manejo de los recursos energéticos, sino un conjunto de nuevas capacidades que mejoran la vida de las personas y reducen sus impactos.
Estas cosas tal vez no son comercializadas abiertamente como "verdes", pero al igual que el iPod y el iTunes, han transformado nuestra forma de vivir, de trabajar, de conducir y de jugar de formas que todavía no podemos imaginar, al mismo tiempo que reducen la necesidad de materiales y de energía.
Todo esto ayudará a transformar de qué manera las empresas piensan sobre lo que hacen, conduciendo, entre otras cosas, a sistemas de circuito cerrado de comercio. Y no se trata solamente de tecnología. Las innovaciones en la producción de alimentos, la fabricación de prendas de vestir y de calzados, y muchos otros procesos industriales y materias primas están avanzando más rápidamente de lo que muchos se dan cuenta.
2. Las empresas se están reinventado. En gran medida como resultado de estas innovaciones, las empresas seguirán cruzando líneas sectoriales y embarcándose en nuevas líneas de negocios. Escribí en 2006 acerca de las "nuevas empresas de energía", empresas de la vieja línea como fabricantes de productos químicos, automóviles, empresas de TI, y de procesamiento de alimentos que se vieron involucradas en el negocio de la energía. Esta tendencia se ha acelerado al ir tomando forma la convergencia tecnológica antes mencionada. Lo mismo sucedió con la construcción ecológica: una nueva ola empresas de la vieja línea (como Firestone y Sanyo) están ahora también en ese sector. Cada uno de estos protagonistas aporta renovada energía e impulso al sector de los negocios verdes. Mientras tanto, las empresas en etapas iniciales salen del laboratorio y despegan, fortalecidas por flujos de capital que, si bien se han desacelerado recientemente, están empezando a recuperarse. Lentamente pero con seguridad, algunos de estos innovadores se hacen públicos o son devorados por peces más gordos, ampliando sus capacidades y alcance.
3. La sustentabilidad se está convirtiendo en algo más que tan sólo el medio ambiente: Esto debió haber ocurrido hace tiempo. Una de las tendencias más frustrantes de la última década es el confundir "verde" con "sustentabilidad". Esto último, por supuesto, significa mucho más que responsabilidad ambiental, aunque no es posible saberlo si se escucha a la mayoría de los especialistas de marketing corporativos y a las empresas de relaciones públicas, que tratan a los dos términos como uno e iguales. Pero esto está cambiando.
El aspecto social de la sustentabilidad un amplio grupo de temas que incluye las condiciones de trabajo, los impactos en la comunidad, los derechos humanos, la seguridad de los productos, el acceso a la educación y a la salud, mayores oportunidades para todos, y más está comenzando a ser considerada por algunas grandes empresas. Surge, por supuesto, en informes de "responsabilidad" corporativa pero también en el diseño y la entrega de productos y servicios para los pobres, tanto en los países desarrollados como en vías de desarrollo.
Se muestra a través del interés de la empresas por la obesidad, la seguridad de los productos, el acceso al agua potable, y en decenas de otras cosas. Algunas de las empresas involucradas fueron arrastradas a estas cuestiones por activistas, pero es así como muchos de los lideres ambientalistas de hoy han nacido empresas como Nike, McDonald´s, Starbucks, Home Depot y otras. Sin duda, el aspecto social de la sustentabilidad se encuentra en sus etapas iniciales, pero las tendencias son alentadoras.
Al final del día, ¿Cómo encontrarle sentido a todo esto? No me atrevería a decirlo. Hay demasiados incognoscibles que podrían ayudar o dificultar el cambio para alcanzar empresas y economías más verdes: los caprichos de la economía mundial, los rápidos avances tecnológicos, los cambios políticos drásticos, los impactos emergentes cada vez más rápidos del cambio climático, los precios vertiginosos del petróleo, los desastres naturales, los movimientos populistas, y muchos otros.
Hay una cosa que es cierta sobre la década de negocios ecológicos que tenemos por delante: Será al menos tan interesante como la que acaba de pasar. Si eso es bueno
31 Marzo 2010
Aunque existen voces desde el mundo académico y científico que aseguran que las manifestaciones recientes de clima no se deben exclusivamente al efecto invernadero provocado por las actividades productivas modernas, sino a procesos periódicos de cambio climático que se han registrado a lo largo de la vida del planeta, la sociedad actual ha asumido la responsabilidad ante dichos fenómenos. He aquí un recuento del dinamismo que el tema ha despertado en el mundo inmobiliario.
La idea de la sustentabilidad del desarrollo: "Satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades" (informe Bruntland 1987), es un concepto que ha permeado la mayoría de los ámbitos del quehacer humano, y de manera puntual, nuestra actividad en cualquier papel que juguemos en el mundo del desarrollo inmobiliario, desde promotores hasta consumidores, tanto como simples habitantes de las urbes en donde se manifiestan sus impactos positivos y negativos de la forma más cruda, aunque con repercusiones en toda actividad humana.
Desde principios de la década de 1970 la comunidad mundial ha lanzado iniciativas tendientes a conservar el medio ambiente para el adecuado desarrollo de la humanidad. En 1972 se organizó en Estocolmo la primera "Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano", que tuvo como resultado la creación del "Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente" (PNUMA).
En 1976 tuvo lugar en Vancouver la Conferencia de la ONU sobre los Asentamientos Humanos "Habitat", que fue la primera en enfocarse en la importancia del orden en el desarrollo de las actividades del crecimiento urbano y su impacto en los recursos naturales. En México tuvo como consecuencia la creación de la Secretaría de Asentamientos Humanos y Obras Publicas, que fue el primer intento, desde la administración pública, de coordinar las actividades que dan forma a las ciudades en nuestro país.
En 1992 la "Cumbre de la Tierra" en Rio de Janeiro, en donde además de establecer el programa de acción para el siglo XXI (Agenda 21), se asentaron los principios para la disminución de los gases con efecto invernadero que se formaliza con la firma del "Protocolo de Tokio" en 1997, además aclara el concepto de desarrollo sustentable: "Para alcanzar el desarrollo sustentable, la protección del medio ambiente debe ser parte del proceso de desarrollo y no debe ser considerado por separado".
La ciudad de Chengdu en China, en el año 2000, lleva a cabo la Conferencia Internacional sobre el Medio Ambiente, en 2002 la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sustentable, y así hasta Diciembre de 2009, cuando se lleva a cabo en Copenague la Conferencia Sobre el Cambio Climático, en donde desafortunadamente no se lograron los acuerdos esperados sobre la reducción de gases con efecto invernadero, y culminó con la renuncia reciente del comisionado de las Naciones Unidas para el Marco de la Convención sobre el Cambio Climático.
Si bien el impacto de estas iniciativas se ha visto diluido por la burocracia administrativa, o los disímbolos intereses de los países mayormente responsables de la generación de gases con efecto invernadero, la conciencia de la situación ha permeado para generar respuestas aceptables para el electorado y generar acciones que tienden a reducir el impacto del desarrollo en el medio ambiente.
En los Estados Unidos de Norteamérica, por ejemplo, el Presidente Obama etiquetó los fondos de ayuda para la recuperación financiera de su país a la utilización en proyectos y obras con un contenido de sustentabilidad. De igual forma se ha evaluado un tercio de los edificios propiedad del U.S. General Admistration diseñados bajo estándares de eficiencia energética, habiendo encontrado que los edificios con mejor desempeño ya cumplen con los requerimientos para el 2015 en cuanto a la reducción del consumo de agua y energía, y que tienen una huella de carbón menor que el promedio de los edificios comerciales de los E.U.A.
En México no son pocos los casos de entidades tanto del sector público como privado con objetivos de mejoramiento del ambiente, aunque conocidos por ustedes citaré solo algunos: Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales, Fideicomiso para el Ahorro de Energía Eléctrica, La Comisión Nacional para el Uso Eficiente de la Energía, el Instituto Nacional de Ecología, la Asociación Nacional de Energía Solar, el Instituto de Ingeniería de la UNAM, el Organismo Nacional de Normalización y Certificación de la Construcción y Edificación, el Instituto Mexicano del Edificio Inteligente, etcétera. Quiero hacer mención especial -a reserva de analizar sus programas en una colaboración posterior-, a aquellos que, a mi juicio, su incidencia en nuestro ámbito del desarrollo inmobiliario se percibe más palpable o esperada, y es ó será más tangible su participación en la conservación del medio ambiente mediante acciones puntuales, y sobre todo operables directamente por los desarrolladores inmobiliarios. Me refiero al Infonavit, por sus Hipotecas Verdes; a la Secretaría del Medio Ambiente del Distrito Federal, por su Programa de Certificación de Edificios Sustentables; y a la Sociedad Hipotecaria Nacional, por su programa de Desarrollo Urbano Integral Sustentable, los que aunque en ciernes parecen plantear una plataforma para llevar a cabo acciones particulares tendientes a reducir la huella de las construcciones en el medio ambiente.
Habida cuenta del valor de estas iniciativas, los particulares hemos dado pasos desde hace más de quince años en el sentido de plantearnos esquemas de adopción y ejecución voluntaria que nos permitan cumplir con las premisas del desarrollo sustentable enunciadas al inicio de este artículo, manifestando de esta manera la responsabilidad y el compromiso social de nuestra actividad económica. Me refiero a los sistemas de evaluación de la reducción del impacto en el medio ambiente que se han desarrollado en Europa, Asia, y América del Norte, y que tienden a adoptarse por el desarrollo inmobiliario organizado, independientemente de su ubicación geográfica.
A reserva de analizarlos en entregas posteriores, mencionaré ahora a los más difundidos y de más amplia aceptación. En Inglaterra se desarrolló desde hace casi 20 años el BREEAM (Building Research Establishment Environmental Assessment Method), cuya aplicación se difundió en Europa y que hoy en día se analiza la posibilidad de fusionarlo con el HQE (Haute Qualité Environnementale) Francés, con el objeto de crear el HEQS (High Environmental Quality Standard) para la comunidad europea. En Japón desde hace 10 años inició la sistematización de los estándares para la evaluación de la sustentabilidad de las edificaciones y hoy en día se aplica el CASBEE (Comprehensive Assessment System for Building Environmental Efficiency). En Norteamérica se ha desarrollado a partir de mediados de los 90's el LEED (Leadership in Environmental Energy Design), el cual se aplica profusamente en los EUA y Canadá con algunas diferencias que reflejan la madurez de sus sistemas normativos. Este sistema se ha difundido profusamente en los países en que la actividad inmobiliaria forma parte importante y estructurada de su desarrollo económico. México fue el primer país en tener edificios certificados bajo este sistema en Latinoamérica: El Centro Internacional de Negocios en el Estado de Chihuahua, y el edificio Sede del Hong Kong Shanghai Banking Corporation (HSBC) en la Ciudad de México. Este último es el primer edificio con certificación LEED Oro en América Latina, y tiene varios edificios registrados ante el USGBC (United States Green Building Council) en proceso de evaluación para su Certificación. Hoy en día Brasil cuenta con un edificio con Certificación Oro, y 140 en proceso. Si bien requiere de perfeccionar el diseño del sistema en tanto su aplicación en la diferentes regiones en que se ha adoptado, LEED es utilizado en el Medio Oriente y tiene una profusa difusión en Asia. China tiene el número más grande de profesionales acreditados LEED fuera de los EUA.
Aún cuando los sistemas tienen su propia personalidad en tanto que unos tienen un sesgo Académico y otros tienen una visión Corporativa, todos tienen el objetivo común de reducir la huella medioambiental de las construcciones mediante el establecimiento de niveles de eficiencia en el diseño, construcción, operación y mantenimiento de los edificios, lo que se califica mediante el cumplimiento de créditos en aspectos como su emplazamiento, afectación de las condiciones naturales, uso y tratamiento del agua, reducción del consumo de energía, control de los procesos de construcción, reutilización y reciclaje de los materiales, y bienestar de los ocupantes.
Lo más importante es que adicionalmente al valor de estas iniciativas para la conservación del medio ambiente, existen componentes que las vuelven económicamente viables para los resultados de los negocios inmobiliarios, siempre que sean planteadas como premisas de diseño desde el inicio de los proyectos, y soportados por las tecnologías de producción de proyectos estrechamente vinculados a los procesos de construcción y de análisis de los aspectos del medio ambiente. Aún cuando no existe experiencia local suficiente respecto a los costos de construcción, los datos internacionales nos permiten aseverar que estos son ampliamente compensados por los beneficios directos en los ahorros de energía, agua, y el aumento en la productividad de los empleados, más los beneficios que representarán la disminución en el impuesto predial, la agilización de los trámites para la construcción, las reducciones en pagos de derechos y servicios, y la aportación directa para obras de infraestructura que ofrecen los programas gubernamentales citados en párrafos anteriores.
Ciertamente estos aspectos hacen mayor sentido cuando los observamos en periodos largos de recuperación de las inversiones, como puede ser el caso de edificios patrimoniales en donde los propietarios podrán capitalizar los beneficios por varios años, sin embargo nuestro pulso del mercado nos indica que la certificación genera beneficios intangibles, pero ciertos desde el momento en que los edificios entran en el mercado de la oferta, y estos beneficios los podemos observar en forma de mayor demanda para renta por parte de inquilinos potenciales sofisticados, como corporaciones internacionales de ramas modernas que conscientemente buscan que sus actividades en todas sus manifestaciones tengan un bajo impacto en el medio ambiente y que consideran a su personal como su activo más valioso, y adicionalmente a los beneficios que logran por el incremento en la productividad buscan su legítimo bienestar y desarrollo en las mejores condiciones de su ambiente laboral.
La pasión por leer es cada vez más un bien en extinción. Pero también es cierto que los hábitos de lectura han cambiado, y ahora ya no sólo leemos libros que podemos abrir, tocar y olfatear, sino que podemos visualizarlos a través de diversos dispositivos, incluidos los telefónos móviles de última generación.
Desde el año pasado, en CapacitaRSE apostamos por un mayor uso de libros y documentos de interés entre nuestra Comunidad Educativa, al crear la Biblioteca Digital de RSE que funciona en nuestro Campus Virtual.
Las fuentes para encontrar nuevos documentos día a día son inagotables. Y entre una de esas se encuentra Google Books, la plataforma de libros online de Google que, si bien tiene sus restricciones en ciertos casos, nos permite acceder a muy buena bibliografía que siempre es útil para generar nuevas ideas a la hora de redactar el Reporte de Sostenibilidad o conseguir citas para una tesis.
Los libros que recomendaremos no son los "más conocidos", pero no por eso menos importantes. Para seleccionarnos pensamos en dos puntos básicos: calidad y gratuidad, así que éste es el listado que luego encontrarán para su lectura en línea:
Y a partir de aquí, encontrarán disponibles para la lectura esta selección de libros de RSE:
La pasión por leer es cada vez más un bien en extinción. Pero también es cierto que los hábitos de lectura han cambiado, y ahora ya no sólo leemos libros que podemos abrir, tocar y olfatear, sino que podemos visualizarlos a través de diversos dispositivos, incluidos los telefónos móviles de última generación.
Desde el año pasado, en CapacitaRSE apostamos por un mayor uso de libros y documentos de interés entre nuestra Comunidad Educativa, al crear la Biblioteca Digital de RSE que funciona en nuestro Campus Virtual.
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Los libros que recomendaremos no son los "más conocidos", pero no por eso menos importantes. Para seleccionarnos pensamos en dos puntos básicos: calidad y gratuidad, así que éste es el listado que luego encontrarán para su lectura en línea:
Y a partir de aquí, encontrarán disponibles para la lectura esta selección de libros de RSE:
Marzo 30, 2010 por Juan Carlos Valda
"Sólo existe un jefe, el cliente. El puede despedir a todos, empezando por el Presidente de la empresa, lo puede hacer simplemente llevandose su dinero para comprar en otro lado."
Sam Walton
La empresa más grande del mundo es Wal-Mart , empresa familiar que vende más de 4oo billones de dólares anuales en más de 8,000 tiendas en 15 países y tiene más de 2 millones de empleados en todo el mundo.
En nuestro país es la minorista más grande y la semana pasada reportó que en el primer trimestre de 2009 obtuvo ganancias de 3,753 millones de pesos con casi 64,000 millones de pesos de ventas. http://www.cnnexpansion.com/negocios/2009/07/08/las-ganancias-de-walmart-suben-16
Lo interesante es que todos conocen a Wal-Mart pero pocos saben que se trata de una empresa familiar fundada en 1962 por Sam Walton en una pequeña población del estado de Arkanas en los Estados Unidos. Al dia de hoy, aunque las acciones de la empresa se cotizan en la bolsa de valores de Nueva York y de México (entre otros países), la empresa sigue controlada por la familia Walton que conserva el 19% del capital y tiene 3 asientos en su consejo de administracion.
A nivel mundial se considera que una empresa familiar es aquella cuyo capital está controlado por una familia y que al menos dos de sus integrantes están involucrados en la direccion/operación o en el consejo de administración.
Considerando esta definición, las empresas familiares son el motor económico de todo el mundo, pues en México representan el 91% del total y en Estados Unidos abarcan alrededor del 50%. En otros paises desarrollados los porcentajes son aún más altos. En México, la mayoría de las empresas cotizadas en Bolsa son empresas familiares: Bimbo (familia Servitje), Televisa (familia Azcarraga), Comercial Mexicana (familia Gonzalez), Grupo Carso (familia Slim), Cemex (familia Zambrano), etc. pero tambien casi la totalidad de las micro, pequeñas y medianas empresas son propiedad de una o varias familias.
Por ello, todos los empresarios familiares debemos sentirnos orgullosos de ser una pieza importante en la recuperación económica de nuestro país y del mundo. Es indispensable que todos tengamos conciencia de que tenemos un papel importante y que somos responsables de lograr que nuestras empresas y nuestras familias sean exitosas y logren su continuidad.
¿Que empresas familiares conoces tú?
¿De que estás orgulloso en tu empresa familiar?
¿Que te gustaría mejorar o cambiar?
Fuente: http://blogs.cnnexpansion.com/asesor-en-empresas-familiares/?p=57
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Escrito en Empresas Familiares | Aún no hay comentarios
MAR 30 MAR 2010 | 12:56
Para peor, la credibilidad del sector privado afecta su capacidad de influir en cuestiones polémicas; por ejemplo, proteccionismo o ambiente, claves para el futuro mundial.
Todos lo saben: una "tormenta perfecta" ha sacudido a grandes compañías norteamericanas. Ahora, deben hacer notables esfuerzos para recobrar imagenn. Así lo plantean David Court y Alberto Marchi, del McKinsey Institute, filiales de Dallas y Milán.
Problemas que pesan
Los ejecutivos superiores saben perfectamente a qué punto llegan a pesar en la reputación los problemas de responsabilidad social empresaria (RSE). La mayoría reconoce que ciertas compañías, en determinados sectores particularmente financieros- transgreden contratos con clientes, consumidores, accionistas, proveedores, autoridades, contribuyentes, etc.
También se sabe que esas percepciones parecen perjudicar con creciente amplitud a los negocios. Así lo refleja una nueva encuesta de la publicación trimestral de McKinsey sobre estamentos directivos alrededor del globo. Por ejemplo, 85 y 72% de las muestras, respectivamente, admiten que flaquea la fe pública en las grandes compañías y en el mercado libre.
Según otra fuente, el barómetro Edelman de confianza (ETB) 2009, 62% de respuestas en sus sondeos en veinte países ofrecen similar panorama. "La gente hoy se fía de las empresas menos que hace unos años", observan quienes compilan un indicador que el instituto considera casi como propio.
Los alcances presentes del desafío a la reputación son consecuencia no sólo de la velocidad o la severidad de acontecimientos económicos inesperados. También resultan de entornos de opinión que datan de cierto tiempo. Estos cambios incluyen el avance de redes sociales y participación en la web, el auge de organismos no gubernamentales (ONG) y otras instancias, que reflejan la declinación de la publicidad como instrumento de RSE. En conjunto, esas fuerzas promueven un escrutinio a fondo sobre las compañías, que devalúa las relaciones públicas convencionales como promotoras de reputación.
Acciones directas
Ahora, como nunca, serán las acciones directas no los rodeos- las que construyan o reconstruyan reputación. Las organizaciones deben escuchar mejor, a fin de percibir temas y cuestiones emergentes, reforzar la comprensión de los nexos con grupos de interés críticos e ir más allá de las RR.PP. tradicionales activando redes de apoyo capaces de influir sobre estratos claves de la sociedad o el mercado. Cumplir eficazmente esa tarea significa avanzar en complejidad y coordinación interna de esfuerzos que apunten a la imagen.
Algunas compañías, por ejemplo no sólo usan claras técnicas conductistas se segmentación, para entender mejor las preocupaciones de los grupos de interés. También movilizan equipos multifuncionales para hacer inteligencia y reaccionar rápidamente amenazas de largo alcance contra la reputación.
Una clave para penetrar barreras estructurales capaces de trabar aquellos esfuerzos es una cúpula comprometida con el liderazgo. Vale decir, ejecutivos superiores con posibilidades, en el actual entorno, de diferenciar sus compañías con firmeza y talento, como lo demanda la situación. En momentos cuando el capitalismo está por el suelo, los dirigentes tienen el deber de consolidar la reputación de sus empresas y de los mercados.
Mal preparadas
La crisis financiera subraya hasta qué grado las compañías estaban mal pertrechadas para manejar dos cambios importantes en el contexto de la reputación. Primero, la influencia de los grupos indirectos de interés (ONG, activistas comunitarios, redes sociales) ha crecido y crece mucho. Así, la cantidad de ONG registrada en Naciones Unidas pasa de cuatro mil, contra menos de mil hace veinticinco años. Esta proliferación impone a los negocios satisfacer expectativas en una vasta gama de asuntos, desde derechos civiles o cambios climáticos hasta obesidad y uso del agua.
Segundo, la multiplicación de tecnologías en medios y su variedad, junto con el surgimiento de plataformas en Internet, otorga a individuos y organizaciones nuevos canales útiles para someter al sector privado a un escrutinio crecientemente mayor y extensivo. Esta revolución en comunicaciones significa, además, que ciertos problemas malas condiciones laborales, contaminación-, tolerables en algunas regiones, dejen de serlo en otras por acción de periodistas, investigadores o bitácoras en la web ("blogs").
Por consiguiente, lo que antes eran riesgos operativos fallas en procesos, personas o sistemas- se traducen hoy en azares de reputación cuyos costos excederán por lejos los de aquellos antiguos deslices. Así, en los bancos la privacidad de datos (cuentas numeradas inclusive) hace a la imagen de esas entidades. En farmoquímica, los malhadados ensayos clínicos de Merck con Vioxx, un analgésico, fueron desastrosos para la reputación del laboratorio por falta de transparencia.
Sistemas anacrónicos
En un contexto tan disperso y multifacético, las compañías han de recoger datos sobre potenciales riesgos a la reputación por toda la estructura, analizarlos mediante métodos complejos y encarar las acciones necesarias para mitigarlos. Ello puede involucrar alianzas entre partes (gobiernos inclusive) y coordinación para actuar velozmente.
Muchas firmas, por el contrario, se respaldan en pequeños, centralizados departamentos de RR.PP., no de RSE, incapaces de detectar a tiempo o examinar bien amenazas a la reputación. Por ende, esos equipos convencionales no saben tratar con una ONG.
En cuanto a los gerentes de división, pueden rastrear peligros de ese tipo, pero a menudo no advierten sus alcances reales. ¿Por qué? Porque el sistema de comunicación interna puede inhibirse al carecer de métodos consistentes para cuantificar el riesgo inminente.
Si las responsabilidades de manejar estos problemas suelen ser poco claras, las reacciones a desafíos de reputación se limitarán al corto plazo, serán ad hoc y puramente defensivas. Una paupérrima mezcla, dadas las inquietudes actuales del público y diversos grupos de interés. Esto plantea un problema que las compañías debieran resolver pronto: aun si los desafíos a la reputación subrayan la relevancia de buenas RR.PP., las empresas tendrán dificultades si se apoyan sólo en ellas y no perciben las causas fundamentales.
Fácil y difícil
Un punto de partida lógico para quienes buscan un juego más abierto consiste en crear una red de alarma temprana, a fin de que los ejecutivos se den cuenta pronto de problemas atinentes a la imagen de la firma. En la experiencia de ambos autores y de McKinsey, la mayoría de organizaciones funcionan bastante bien para seguir menciones o señales de la prensa y muchas ya rastrean una multitud de voces en el ciberespacio o entre ONG. No obstante, aunque sean acciones efectivas y requisitos indispensables para responder a grupos de interés, no son las tareas más duras.
Algo mucho más complejo es prepararse para afrontar amenazas serias a la reputación cuya frecuencia potencial y costos han subido enormemente. Esto refleja un clima proclive a presiones originadas en legisladores, reguladores, OBG y el público. En suma, un contexto menos propicio para los negocios donde las amenazas pueden mimetizarse en cuestiones atinentes al desempeño mismo de una compañía.
Aprestarse para responder a esos peligros con instrumentos de RSE obliga a destacar tres prioridades. Primera, reunir datos suficientes para comprender a los principales grupos de interés y sus actitudes. Segunda, enfocarse en lo que importa más al mayor número de estos públicos. Tercera, tratar de influirlas mediante técnicas mucho más complejas que las de RR.PP. convencionales.
30 Marzo 2010
Así como los gobiernos occidentales responden a una crisis sistémica y sus efectos en la economía cotidiana, la reputación de una firma empieza ya a pesar mucho más de lo habitual en decenios. Industrias y compañías con problemas de imagen arriesgan incurrir en las iras de legisladores, reguladores, políticos y el público.
Para peor, la credibilidad del sector privado afecta su capacidad de influir en cuestiones polémicas; por ejemplo, proteccionismo o ambiente, claves para el futuro mundial.
Todos lo saben: una "tormenta perfecta" ha sacudido a grandes compañías norteamericanas. Ahora, deben hacer notables esfuerzos para recobrar imagenn. Así lo plantean David Court y Alberto Marchi, del McKinsey Institute, filiales de Dallas y Milán.
Problemas que pesan
Los ejecutivos superiores saben perfectamente a qué punto llegan a pesar en la reputación los problemas de responsabilidad social empresaria (RSE). La mayoría reconoce que ciertas compañías, en determinados sectores particularmente financieros transgreden contratos con clientes, consumidores, accionistas, proveedores, autoridades, contribuyentes, etc.
También se sabe que esas percepciones parecen perjudicar con creciente amplitud a los negocios. Así lo refleja una nueva encuesta de la publicación trimestral de McKinsey sobre estamentos directivos alrededor del globo. Por ejemplo, 85 y 72% de las muestras, respectivamente, admiten que flaquea la fe pública en las grandes compañías y en el mercado libre.
Según otra fuente, el barómetro Edelman de confianza (ETB) 2009, 62% de respuestas en sus sondeos en veinte países ofrecen similar panorama. "La gente hoy se fía de las empresas menos que hace unos años", observan quienes compilan un indicador que el instituto considera casi como propio.
Los alcances presentes del desafío a la reputación son consecuencia no sólo de la velocidad o la severidad de acontecimientos económicos inesperados. También resultan de entornos de opinión que datan de cierto tiempo. Estos cambios incluyen el avance de redes sociales y participación en la web, el auge de organismos no gubernamentales (ONG) y otras instancias, que reflejan la declinación de la publicidad como instrumento de RSE. En conjunto, esas fuerzas promueven un escrutinio a fondo sobre las compañías, que devalúa las relaciones públicas convencionales como promotoras de reputación.
Acciones directas
Ahora, como nunca, serán las acciones directas no los rodeos- las que construyan o reconstruyan reputación. Las organizaciones deben escuchar mejor, a fin de percibir temas y cuestiones emergentes, reforzar la comprensión de los nexos con grupos de interés críticos e ir más allá de las RR.PP. tradicionales activando redes de apoyo capaces de influir sobre estratos claves de la sociedad o el mercado. Cumplir eficazmente esa tarea significa avanzar en complejidad y coordinación interna de esfuerzos que apunten a la imagen.
Algunas compañías, por ejemplo no sólo usan claras técnicas conductistas se segmentación, para entender mejor las preocupaciones de los grupos de interés. También movilizan equipos multifuncionales para hacer inteligencia y reaccionar rápidamente amenazas de largo alcance contra la reputación.
Una clave para penetrar barreras estructurales capaces de trabar aquellos esfuerzos es una cúpula comprometida con el liderazgo. Vale decir, ejecutivos superiores con posibilidades, en el actual entorno, de diferenciar sus compañías con firmeza y talento, como lo demanda la situación. En momentos cuando el capitalismo está por el suelo, los dirigentes tienen el deber de consolidar la reputación de sus empresas y de los mercados.
Mal preparadas
La crisis financiera subraya hasta qué grado las compañías estaban mal pertrechadas para manejar dos cambios importantes en el contexto de la reputación. Primero, la influencia de los grupos indirectos de interés (ONG, activistas comunitarios, redes sociales) ha crecido y crece mucho. Así, la cantidad de ONG registrada en Naciones Unidas pasa de cuatro mil, contra menos de mil hace veinticinco años. Esta proliferación impone a los negocios satisfacer expectativas en una vasta gama de asuntos, desde derechos civiles o cambios climáticos hasta obesidad y uso del agua.
Segundo, la multiplicación de tecnologías en medios y su variedad, junto con el surgimiento de plataformas en Internet, otorga a individuos y organizaciones nuevos canales útiles para someter al sector privado a un escrutinio crecientemente mayor y extensivo. Esta revolución en comunicaciones significa, además, que ciertos problemas malas condiciones laborales, contaminación-, tolerables en algunas regiones, dejen de serlo en otras por acción de periodistas, investigadores o bitácoras en la web ("blogs").
Por consiguiente, lo que antes eran riesgos operativos fallas en procesos, personas o sistemas se traducen hoy en azares de reputación cuyos costos excederán por lejos los de aquellos antiguos deslices. Así, en los bancos la privacidad de datos (cuentas numeradas inclusive) hace a la imagen de esas entidades. En farmoquímica, los malhadados ensayos clínicos de Merck con Vioxx, un analgésico, fueron desastrosos para la reputación del laboratorio por falta de transparencia.
Sistemas anacrónicos
En un contexto tan disperso y multifacético, las compañías han de recoger datos sobre potenciales riesgos a la reputación por toda la estructura, analizarlos mediante métodos complejos y encarar las acciones necesarias para mitigarlos. Ello puede involucrar alianzas entre partes (gobiernos inclusive) y coordinación para actuar velozmente.
Muchas firmas, por el contrario, se respaldan en pequeños, centralizados departamentos de RR.PP., no de RSE, incapaces de detectar a tiempo o examinar bien amenazas a la reputación. Por ende, esos equipos convencionales no saben tratar con una ONG.
En cuanto a los gerentes de división, pueden rastrear peligros de ese tipo, pero a menudo no advierten sus alcances reales. ¿Por qué? Porque el sistema de comunicación interna puede inhibirse al carecer de métodos consistentes para cuantificar el riesgo inminente.
Si las responsabilidades de manejar estos problemas suelen ser poco claras, las reacciones a desafíos de reputación se limitarán al corto plazo, serán ad hoc y puramente defensivas. Una paupérrima mezcla, dadas las inquietudes actuales del público y diversos grupos de interés. Esto plantea un problema que las compañías debieran resolver pronto: aun si los desafíos a la reputación subrayan la relevancia de buenas RR.PP., las empresas tendrán dificultades si se apoyan sólo en ellas y no perciben las causas fundamentales.
Fácil y difícil
Un punto de partida lógico para quienes buscan un juego más abierto consiste en crear una red de alarma temprana, a fin de que los ejecutivos se den cuenta pronto de problemas atinentes a la imagen de la firma. En la experiencia de ambos autores y de McKinsey, la mayoría de organizaciones funcionan bastante bien para seguir menciones o señales de la prensa y muchas ya rastrean una multitud de voces en el ciberespacio o entre ONG. No obstante, aunque sean acciones efectivas y requisitos indispensables para responder a grupos de interés, no son las tareas más duras.
Algo mucho más complejo es prepararse para afrontar amenazas serias a la reputación cuya frecuencia potencial y costos han subido enormemente. Esto refleja un clima proclive a presiones originadas en legisladores, reguladores, OBG y el público. En suma, un contexto menos propicio para los negocios donde las amenazas pueden mimetizarse en cuestiones atinentes al desempeño mismo de una compañía.
Aprestarse para responder a esos peligros con instrumentos de RSE obliga a destacar tres prioridades.
Primera, reunir datos suficientes para comprender a los principales grupos de interés y sus actitudes. Segunda, enfocarse en lo que importa más al mayor número de estos públicos. Tercera, tratar de influirlas mediante técnicas mucho más complejas que las de RR.PP. convencionales.
Por Omar Ojendiz.
La existencia de vida en el mundo, entre otros muchos factores, depende en gran medida de la cadena alimenticia, este proceso de transferencia, provee un sustento equilibrado e inigualable a todas las especies, que en el intervienen generando vida y alentando al desarrollo de los seres vivos, de igual forma, pero a nivel organizacional existe una cadena, corporativa, en la cual sus eslabones, generan un fiel entramado que permite la conformación de una gran guía de valor.
La cadena Corporativa, como la alimenticia, genera vida, si en la alimenticia, alguna especie sirve de alimento a otra, en la corporativa, será la información, los datos y el conocimiento lo que sustente a quien de ella dependa, es decir, desde el nivel operativo, hasta el gerencial, existe una alta co-dependencia para la subsistencia de cualquier nivel.
La diferencia recae, en que en la cadena empresarial, un sujeto no necesita "acabar" con el otro para subsistir, por el contrario, entre mayor vida y retroalimentación genere al que esté por debajo o arriba del, la solidez de los eslabones será mayor, generando el correcto funcionamiento entre ellos.
No obstante, existe un poderoso aditivo que brinda a los eslabones corporativos firmeza, fuerza y brillo. Los derechos laborales, fungen como la materia prima de este aditivo, que bien utilizado, genera rentabilidad en los recursos humanos de la organización, y es todo aquello que el trabajador, por ley, tiene que recibir y que sirve como apoyo para la satisfacción de sus necesidades, prestaciones, salario, primas, aguinaldo, días de descanso y vacaciones.
Ya sean de carácter, fisiológico, de estima, sociales, o de auto-superación, las necesidades cubiertas por los derechos laborales, originan sentido de pertenencia al trabajador, confianza y sobre todo seguridad. Estos apartados pueden encontrarse bien cubiertos o deficientes, y será la carencia o satisfacción de ellos lo que marque la diferencia en la conducción de los colaboradores hacia el respeto, lealtad colaboración y compromiso con su empresa.
Es de vital importancia, mantener engarzados los eslabones, para una eficiente conducción empresarial, pero cobra mayor importancia hacer uso del ingrediente "mágico" para generar una cadena corporativa comprometida y satisfecha, que cumpla los estándares de responsabilidad social, ya que el apego a los derechos humanos y compromiso por la sociedad, da un "plus", no sólo a nivel filantrópico sino de rentabilidad a la organización.
El uso de información privilegiada atenta contra la libre competencia y daña la igualdad de oportunidades, dos claves para el desarrollo de sociedades fundadas en un capital social bien entramado.
¿Es pertinente relacionar la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) con el uso de la información privilegiada?. La respuesta es inequívoca: sí. La RSE tiene que ver con la probidad y transparencia, dos de sus cimientos fundamentales. La responsabilidad esta directamente involucrada con la forma en que las empresas, sus ejecutivos o sus dueños, actúan en la esfera pública.
Se ha dicho que el uso indebido de la información privilegiada representa una falta ética. ¿Qué queremos decir cuando hablamos de ética?. Describimos una manera de vivir, un tipo de comportamiento y un marco de relaciones donde lo no lícito es perjudicar a otros. Si se entiende así, parece claro que lo que ha ocurrido recientemente en Chile daña las bases del desarrollo de empresas responsables.
El uso de información privilegiada apunta, por definición, a satisfacer el interés de unos pocos, que debido a esto, con más razón que nunca deben llamarse "privilegiados". Esta satisfacción egoísta, abusiva, inmerecida, atenta contra la libre competencia y daña la igualdad de oportunidades, dos claves para el desarrollo de sociedades fundadas en un capital social bien entramado, el que sustenta la equidad, la igualdad, y finalmente, la democracia ética. Esta es una cadena inseparable. Por lo tanto, los daños que se le infieren no son aislados: repercuten sobre el todo.
En otras palabras, el uso indebido de información privilegiada no es sólo una falta ética: también es un atentado contra el propósito social de construir mercados donde todas las personas e instituciones compitan con igualdad de oportunidades y condiciones.
La RSE es hoy un modo de ser, una actitud, una seña de identidad empresarial. Por ello no puede ser indiferente a lo que afecta al prestigio del emprendimiento.
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Por Jorge Awad Mehech, miembro del Consejo Consultivo Fundación PROhumana.
Toda empresa que aspira a ser reconocida en los distintos mercados globales donde opera, debe cumplir con las distintas directrices del desarrollo humano sustentable y con una nueva ética pública.
Para ello sus modelos de negocios deben considerar el cumplimiento simultáneo de un triple objetivo: económico, social y ambiental.
Esta nueva forma de posicionar los objetivos de una empresa significa valorar el nacimiento de la empresa ciudadana, con un compromiso no sólo económico con sus accionistas, consumidores y directos interesados. En esta nueva concepción de empresa se perfila un compromiso permanente con las futuras generaciones y con todos los actores que participan de su actual realidad, incluyendo por ejemplo, la trazabilidad de todos sus insumos, como la transparencia y confiabilidad de su gobierno corporativo.
Así estaremos construyendo empresas ciudadanas que logran el nivel necesario para optar al grado de una verdadera ciudadanía corporativa.
Con satisfacción, aprecio como en la memoria de importantes empresas nacionales se incluye destacadamente el informe de su desarrollo sustentable.
A modo de ejemplo quisiera citar cómo el informe de sostenibilidad de Endesa 2005 asume compromisos de "buen gobierno, la innovación, el medio ambiente, nuestras gentes, nuestros clientes, la sociedad y nuestros accionistas".
Estos compromisos asumen una política de sostenibilidad que le permite a la empresa cumplir con su dimensión social, ambiental y económica. Además aspira a una nueva expresión ética sobre lo público, y ser un concepto matriz para promover una nueva ética ciudadana que contribuya a impulsar un desarrollo justo y sustentable.
En esta forma se seguirán desarrollando empresas ciudadanas que superan a las económicas capaces de crear mayor valor por sus resultados en los ámbitos económicos, social y ambiental, junto a una nueva ética de lo público.
Tags: Desarrollo sustentable, empresa, rse
Como era de esperar, el terremoto y sus secuelas económicas calaron hondo en la confianza de inversionistas y empresarios, tal como lo reflejó el índice que elabora el Centro de Investigación en Empresas y Negocios (CIEN) de la Universidad del Desarrollo, en conjunto con Diario Financiero.
La medición evidenció una caída importante desde los 11,4 puntos de febrero a 3,9 puntos en marzo, rompiendo una tendencia positiva y retornando el indicador a los niveles de agosto del año pasado, cuando este Indice de Confianza Empresarial (ICE) mostró el primer resultado positivo después de meses de desconfianza motivada por la crisis financiera internacional.
En este sentido, el dato de marzo no alcanza la profundidad de los registros del ICE de febrero o marzo de 2009, cuando el bajo estado de ánimo empresarial superaba los 30 puntos negativos, pero hay sectores que en esta última evaluación de marzo dejaron sentir con mayor fuerza el impacto del terremoto. Especial efecto tendría sobre la actividad comercial, con un registro negativo de 10,3 puntos, desde los casi 20 puntos positivos de febrero. El 57% de las grandes empresas del rubro considera que la situación económica global del país será peor en los próximos tres meses, lo mismo que la evolución de su negocio en particular.
La confianza de los agentes económicos es tan relevante para la reconstrucción como pueden ser las correctas políticas públicas enfocadas en esta tarea o los recursos que el fisco pueda destinar. Sólo en costos de infraestructura, el gobierno ha estimado un monto similar a costear por el Estado y el sector privado, lo que proporciona una idea de la dimensión del desafío al que se enfrenta el empresariado.
Las empresas de menor tamaño, a su vez, deben ser capaces de reparar los daños en los casos que corresponda, sumando a su carga financiera la necesidad de levantar recursos frescos, y retomar niveles de actividad, aún a riesgo de que proveedores o clientes sigan en situación desmejorada.
Todo forma parte de un proceso en el que intervienen múltiples factores, pero el cual se puede contribuir despejando o restando de la discusión aquellos elementos que en nada contribuyen al fomento de la inversión y, a fin de cuentas, del clima de confianza empresarial. Así ocurre, por ejemplo, con la todavía pendiente discusión tributaria, abierta a propósito de las aparentes necesidades de recursos fiscales para enfrentar la reconstrucción. Las cifras dan cuenta que esa discusión es innecesaria o puede esperar por un buen tiempo.