Chateau Los Boldos en Chile Sogrape ingresa al país La principal viña de Portugal adquiere Viña Chateau Los Boldos en Chile La operación, liderada por el departamento de Finanzas Corporativas de LarrainVial, marca el ingreso a Chile de Sogrape, una firma que contempla tener presencia en los principales valles vitivinícolas del Nuevo Mundo. Esta compra permitirá potenciar la presencia de los vinos ultra premium chilenos en los mercados mundiales. SANTIAGO, febrero 19.- Una nueva operación se ha gestado en el proceso de internacionalización del mercado vitivinícola chileno. Se trata de la destacada Viña Chateau Los Boldos, de propiedad de Dominique Massenez, quien firmó con éxito la venta del 100% de la compañía al Grupo Sogrape, una empresa portuguesa que, a partir de hoy, cuenta con presencia directa en Chile.
Con un excepcional terroir de 273 hectáreas ubicado en Requínoa, valle de Rapel, en el centro del Alto Cahapoal, a 110 km. al sur de Santiago, Chateau Los Boldos es una viña boutique, especializada en la producción y comercialización de vinos premium para su consumo en más de 70 países alrededor del mundo.
A través de la asesoría de LarrainVial, que estuvo a cargo de la estructuración del proceso de venta, Chateau Los Boldos podrá ahora desarrollar todo su potencial como viña premium, a través de la asociación con un grupo vitivinícola de clase mundial, con una fuerte cadena de distribución y con presencia en los mayores mercados consumidores de vinos premium del Nuevo Mundo.
Sogrape es una empresa familiar fundada en 1942 por Fernando van Zeller Guedes. En la actualidad, es el grupo vitivinícola más importante de Portugal, reconocido en el mundo por sus marcas Mateus Rose y por un conjunto de otros vinos, entre los cuales destacan los oportos Sandeman, Offley y Ferreira, y las marcas de vino DOC Callabriga y Pena de Pato.
La empresa ha adoptado como estrategia de diversificación invertir en el negocio vitivinícola de distintos países del Nuevo Mundo, logrando presencia en Mendoza, Argentina, a través de la viña Finca Flichman, que produce vinos de gran calidad bajo el mismo nombre; Nueva Zelanda, país donde recientemente adquirieron viña Framingham, y hoy en Chile, a través de Chateau Los Boldos.
La llegada de Sogrape a Chile luego de esta exitosa operación, permitirá potenciar a Chateau Los Boldos hacia nuevos mercados en los cuales hoy no participa, gracias a su prestigio y fuerte cadena de distribución, elementos clave para el éxito en este cada vez más competitivo mercado del vino.
Fernando Guedes, miembro del consejo de administración del Grupo Sogrape y representante de la tercera generación de la familia fundadora, señaló que "éste es un paso más en el proceso de internacionalización de Sogrape, iniciado en 1997 con la adquisición de Finca Flichman en Argentina y ahora reforzado por su penetración en dos de los países de mayor éxito en el escenario vitivinícola internacional".
Concluyó diciendo que "el clima de apertura y gran cordialidad en que se desarrolló el proceso permitió no sólo concretar este negocio, sino que establecer un fuerte lazo de amistad entre nuestra familia y la familia Massenez, que estoy seguro permanecerá por muchos años". | | | | Soliciten nuestros cursos de capacitación y asesorías a nivel internacional RSE Y LOBBY - EL ARTE DE COLECCIONAR VINOS y están disponibles para OTEC Y OTIC en Chile
| |  | BOLETÍN Nº 122 19/02/2008 NOTICIASNueva Ley de Responsabilidad Social Empresaria para la Ciudad de Buenos Aires  La ciudad de Buenos Aires fijó a través de la Ley 2594 el marco jurídico del Balance de Responsabilidad Social y Ambiental (BRSA) en el ámbito de la ciudad, que establece la obligación y el acceso público a los reportes de sustentabilidad para empresas de más de 300 empleados, con ingresos mayores a los establecidos para las PyMES.
A partir de este mes, las empresas con más de 300 empleados tendrán que hacer los informes anuales de sustentabilidad sobre la base de su situación social, económica, y financiera. No se han especificado todavía los detalles puntuales sobre los requisitos de presentación de dichos informes, pero la nueva ley establece que la presentación de informes se realizará de acuerdo a los estándares propuestos por el Global Reporting Initiative G3, la Rendición de Cuentas 1000 (AA 1000), y los indicadores y principios de Ethos.El Ministerio de Producción de la ciudad será el organismo encargado de la implementación la nueva ley de BRSA y del monitoreo del proceso con la ayuda de otros ministerios, incluyendo Ambiente, Planificación Urbana y Finanzas. Las empresas que cuenten con menos de 300 empleados podrán adherir voluntariamente a las directrices para presentar sus informes, y con ello obtener beneficios financieros, tales como, préstamos en condiciones favorables e incentivos para la inversión tecnológica. Los particulares y ciudadanos podrán monitorear los informes de sustentabilidad, y solicitar al Estado auditorías, aunque todavía no se conocen los detalles de este mecanismo. Conozca los alcances de la normativa en el siguiente enlace: www.cedom.gov.ar/es/legislacion/normas/leyes/html/ley2594.html |  | Soliciten nuestros cursos de capacitación y asesorías a nivel internacional y están disponibles para OTEC Y OTIC en Chile
| | | BOLETÍN Nº 122 19/02/2008 COLUMNISTA INVITADO instituto argentino de responsabilidad social empresarial El equitativo reparto de la riqueza
Las empresas en las economías modernas son actores claves en la construcción de comunidades, en el desarrollo de capital social y en la generación de bienes y servicios públicos. Por ello, las sociedades modernas, comienzan a castigar a aquellos empresarios que maximizan rentabilidad minimizando inversión social. Y, por el contrario, reconocen a aquellos comprometidos con la inversión social estratégica.
Ahora bien, ¿cuándo una inversión social es estratégica? No hay una única manera de definirla, pero algunos criterios pueden ser: apoyar procesos de transformación y no sólo acciones de contención social; aspirar a la transformación en escala al acompañar agendas construidas y operadas colectivamente desde espacios colectivos como redes, coaliciones o alianzas, y no sólo para donar a programas unilaterales; promover el apoyo a líderes que generen articulación y no sólo a referentes que se construyan desde el personalismo; apostar a largo plazo y no a iniciativas cortoplacistas; incorporar al tradicional aporte de recursos financieros, intangibles, como conocimiento, inteligencia, acompañamiento estratégico, vinculaciones institucionales, voluntariado corporativo o acceso a medios de comunicación, y asumir que toda inversión social implica un riesgo controlado. Avanzar en inversión social estratégica desde una empresa requiere aptitudes, pero, sobre todo, es fundamental la actitud político institucional que asuman sus accionistas, directores, cuerpo gerencial y plantel general. La decisión de invertir socialmente es estratégica cuando se articula con la política institucional y se expande a la cultura de la empresa, y no cuando se la concentra en una sección y se la reduce a una sumatoria de acciones desarticuladas. La actitud empresaria es vital para convertir a la empresa en un agente de transformación social. Es por ello que identificamos cuatro actitudes, que nos dan elementos para poder identificar cuándo una empresa es estratégica en su inversión social o cuándo es apenas un mitigador de pobreza. Y en la mayoría de los casos, esa diferencia cualitativa entre aspirar a la transformación y limitarse a la mitigación no pasa por la cantidad de recursos invertidos, sino por la estrategia definida para aplicarlos. La actitud asistencial es dar lo que sobra. Esta es la actitud básica y que más se ve en las presentaciones públicas de responsabilidad social empresaria. El resultado que genera esta actitud en la comunidad es la mitigación del problema, es decir, acotarlo sin solucionarlo; administrar la consecuencia sin abordar la causa. Y el rol social que crea es convertir a los ciudadanos en beneficiarios y a los sujetos de derecho en objetos de asistencia. Esta es la manera en la que se calca, desde el sector privado, la lógica del asistencialismo estatal. Es la privatización del modelo clientelar, que garantiza un manojo de pobres fotogénicos para el retrato, que en lugar de tener por destino el afiche político, será editado bajo el presuntuoso formato de balance social de la empresa. La actitud de compromiso, en cambio, es transferir recursos. Es una actitud que pone a la empresa en la gatera de la inversión social estratégica, e implica transferir recursos activos, tangibles o intangibles. El resultado de esta transferencia es dejar capacidades instaladas en los emprendimientos sociales. El impacto creado es contar con un proyecto fortalecido, pero dentro del contexto de vulnerabilidad en el que opera habitualmente. Esta actitud empresaria permite achicar la brecha tecnológica, de conocimientos y capacidades, pero no garantiza que los recursos instalados sean aplicados de manera sistémica y eficiente, de tal forma que le permita al emprendedor social superar las carencias desde las cuales desarrolla su actividad. Es la actitud que crea las potencialidades de la superación, pero no se hace cargo de su concreción. La actitud de riesgo consiste en invertir capital. Es la actitud empresaria que, a partir de un acompañamiento proactivo a un emprendimiento en contexto de vulnerabilidad, le garantiza la incorporación y dinamización de recursos para acercarlo a la inclusión en el mercado. La actitud de afrontar riesgo no se limita a la transferencia de activos, sino a la inversión de capital. Esta actitud no sólo deja capacidad instalada en el emprendedor, sino que garantiza la creación de las condiciones para que esa capacidad pueda ser operada, por medio de capacitación, acompañamiento estratégico, apoyo en recursos financieros y humanos e inclusive acuerdos comerciales. El resultado medido en impacto social es cambiar el contexto de vulnerabilidad y asegurar la inclusión del emprendimiento a la cadena de valor de la empresa que realiza la inversión social, cuidando de no convertirlo en cliente o proveedor cautivo. Avanzar desde la actitud de riesgo en la construcción de capital social es agregar valor para generar calidad de vida en sectores marginados del acceso a las oportunidades del sistema vigente. La actitud de transformación es invertir en lo que el otro necesita, la de mayor plenitud que puede asumir una empresa. Asumir desde la actitud empresaria el compromiso de la transformación del modelo, implica identificar y poner a disposición del actor vulnerable los recursos que necesita. Esto muchas veces implica recurrir a recursos con los que la propia empresa no cuenta, para establecer alianzas con terceros o adquirir nuevas capacidades. El resultado generado a partir de esta actitud es dotar a la empresa y dotar al emprendedor de capacidad transformadora. No son recursos que fluyen en dirección unilateral, sino que son capacidades y aprendizajes que retroalimentan el proceso y a todos los actores involucrados. La actitud transformadora convierte a la empresa y al emprendedor en sujetos de cambio. Invertir en lo que el otro necesita es la única forma de transformar su realidad y el modelo que lo margina. Una sociedad que aspire a superarse necesita contar con empresarios con actitud transformadora, que asuman un rol protagónico en la construcción del entramado social y sean los garantes de la existencia de comunidades e individuos con acceso equitativo a las oportunidades. Sin equidad en el acceso a las oportunidades, el diseño social se aleja de la inversión social estratégica, para acercarse a los dos problemas señalados por el inolvidable Roberto Fontanarrosa: "El inequitativo reparto de riqueza y el generoso reparto de pobreza".
Carlos MarchMiembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas. Representante de la Fundación Avina en Buenos Aires. Fuente: Diario La Nación, 30 de enero de 2008 | Soliciten nuestros cursos de capacitación y asesorías a nivel internacional en RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL Y EL ESTADO y están disponibles para OTEC Y OTIC en Chile
Empresa de juguetes Lego celebró sus utilidades de 2007 Martes, 19 de Febrero de 2008 DPA
Los productos más vendidos de la firma danesa continúan siendo las líneas Lego City, Lego Technic y Lego Creator, así como Lego Star Wars. COPENHAGUE.- La empresa familiar de juguetes tradicionales Lego registró en su ejercicio 2007 beneficios antes de impuestos por 1.410 millones de coronas (US$277 millones), que la compañía danesa calificó positivos.
"Los resultados son notablemente mejores de lo esperado a principios del año fiscal y los consideramos altamente satisfactorios", indicó el presidente del consorcio juguetero, Jørgen Vig Knudstorp, en un comunicado.
Las ventas crecieron un 3% con respecto al año anterior, a 8.020 millones de coronas (US$1.580 millones), mejorando su pronóstico inicial.
Knudstorp indicó que los satisfactorios resultados se deben principalmente a las ventas del grupo así como a la venta de inmuebles.
El beneficio operativo registró un crecimiento del 4,7% en el último año fiscal de Lego, hasta los 1.471 millones de coronas danesas (US$290 millones) en comparación con 2006, informó la empresa.
Asimismo, la facturación del fabricante de juguetes crecieron un 2,9%, hasta 8.027 millones de coronas danesas (US$1.587 millones).
Los productos más vendidos de la firma danesa continúan siendo las líneas Lego City, Lego Technic y Lego Creator, así como Lego Star Wars, "que va por el buen camino para convertirse en otra de nuestras líneas clásicas", según Knudstorp.
Por el contrario, "el aumento de las inversiones, los efectos negativos por el cambio de divisas y los gastos considerablemente más elevados, incluido el fuerte incremento del precio del petróleo, influyeron de manera negativa en los resultados", añadió el ejecutivo.
La compañía precisó, asimismo, que el mercado de los juguetes en Europa experimentó un crecimiento débil en 2007, aunque algunos países del este europeo, así como España e Italia registraron una expansión importante.
En su necesidad de reducir costos, Lego trasladó la producción y distribución a Europa oriental y México, aunque mantiene una parte de la producción en su central de Billund, Dinamarca.
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